Así se vivieron los #DesvariosNocturnos en mi twitter @SandraCorcuera este pasado mes de abril, donde se incluyen las vacaciones de Semana Santa en Playa del Carmen. Esa semana que cambió mi vida…
Que los disfruten, bienvenidos los comentarios
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Enero-marzo 2012 twitter @sandracorcuera
>Entre la semana pasada y ésta, he tenido oportunidad de conocer más el mundo en el que se mueven los ciegos gracias a 3 notas que ya he grabado: Comité Internacional Pro Ciegos, Biblioteca de braille, y Perros Guía (esta última, aún no se ha emitido).
La verdad es que estoy altamente conmovida y siento una gran admiración tanto por los ciegos que luchan por conseguir una vida “normal” como por toda la gente que trabaja con ellos para ayudarles a alcanzar su objetivo y sus ilusiones por vivir.
Decían en la película “Diario de una ninfómana” que uno escribe un diario pq en el fondo espera q alguien lo lea y conozca su verdadera persona.
¡No puedo estar más en desacuerdo!
Escribo un diario desde que tenía menos de 10 años, y JAMÁS esperé ni espero que nadie lo lea.
Siempre me gustó eso de escribir, y cuanto peor me sentía de ánimo, más y mejor escribía. Así pasa con los artistas, dicen, ¿no? Las mejores obras salen del dolor y la desesperación, como las grandes canciones de amor, o los libros de historias dramáticas, etc…
Así funcionó siempre para mí, a mayor dolor, mayor creatividad y más ganas de escribir. Por eso llené muchos diarios en estos años. Que´vida me he pegado de angustias, ¿no? Jajaja Bueno, tal vez no tanto, pero si no me pasaba nada por lo q sufrir, ya me lo rebuscaba yo en mi propio interior, escudriñando en recuerdos remotos y deliberaciones que me hacían elucubrar sobre mil y un asuntos profundos y filosóficos (completamente innecesarios, supongo).
Últimamente lo vi claro. Soy una atormentada.
Es la mejor definición que me puedo dar. En general, no sabría decir si puedo definirme como una persona feliz. Lo soy a ratos, y mucho.
Pero en la balanza no sé si gana la inconformidad, la desesperación, la impotencia, la amargura, la tristeza. No lo sé. En serio.
Y eso que yo me tenía por una persona muy positiva, es más, ¡la gente me tiene como una persona muy positiva y alegre!
¿Qué me pasa, doctor?
Supongo q como se suele decir, la procesión va por dentro. Y no es que esté todo el tiempo triste, sino que … creo q pienso demasiado. Demasiado en cosas que no debería pensar, pq no son más que comeduras de cabeza innecesarias, y que no me llevan a ningún sitio, a ningún sitio bueno. Sí, eso creo.
En ocasiones me alcanza un poco de lucidez momentánea y soy capaz de identificar esos absurdos pensamientos rasgadores y dañinos, y directamente los desecho, así, a saco y sin más.
En esos momentos me siento madura y cuerda.
Por desgracia, otras veces me pueden, y se instalan en mí demasiado tiempo para mi gusto, y con la cara que debo de tener en esos momentos, ¡seguro q me salen más arrugas!
No sale a cuenta ser una atormentada, de verdad. Porque no es que esté triste por norma, es que estoy eso, “atormentada”, es decir, me preocupan cosas “que no”, me hago yo sola mis películas, vamos, que me rayo de mala manera y sin venir a cuento la mayoría de veces. ¿Para qué?
Creo que porque en el fondo soy una Drama Queen. ¡Sí sí! ¡Que soy una dramática! Y lo peor es que le encuentro el encanto, ¡no te jode!
Sí, soy una peliculera, una dramática, una exagerada de nacimiento, y una apasionada que lo lleva todo al límite. Es el regocijo del dolor propio. Espero que para salir más fuerte, al menos…
Aunque total, todo esto ¿para qué?

Siento que desperdicié tantas palabras, tantas frases bonitas, tantas creencias, tantos gestos de amor y emociones malgastadas en un muñeco espantapájaros, de paja, hueco, sin alma…
Siento que ninguno de esos mensajes eran para aquel destinatario vestido con distintos trajes y máscaras grandilocuentes, sino que pretendieron serlo, sin saber ni por qué…
Siento que hasta hoy no conocí realmente el sentido del amor, el sentido de amar, la magia de ser correspondido con raudales de felicidad y arrebatos de alegría y pasión, con un amor siempre constante, siempre presente, ajeno a los chantajes y pensamientos retorcidos de mentes enfermas y adictas…
Siento que todo aquello eran ensayos, pruebas, experiencias que me curtieron y me hicieron sufrir hasta desear desaparecer, dejé de creer en lo que realmente merece la pena, porque pensé que ya no existía…
Siento que las palabras, las miradas, el roce de la piel, un abrazo fortuito, una risa espontánea, adquieren una nueva dimensión hasta ahora desconocida para mí. Todo es a lo grande, todo es enorme, todo lo bueno inunda el día, el aire, mi cuerpo, mi pecho parece expandirse hacia los límites del infinito, él me invade, él me llena, él me completa, él es…
Siento que la vida tuvo que ser dura con mi corazón, pq de otra manera, hoy no sería justo gozar de tanta felicidad … demasiado para mí, pensaría, ¿no…?
Ahora sé que puede ser posible, porque al fin y al cabo, sí que me lo merezco. Sí.
Sí.
Y ella dijo con resignación: “Marte y Venus nunca se van a comprender.”
Ella le miraba con ternura y deseo. Él apartaba la vista, o se hacía el loco diciendo cualquier banalidad.
Él la molestaba con cosas ya evidentes desde hace tiempo, insistía. Ella no comprendía por qué se empeñaba en hacerla rabiar.
Ella sintió un vuelco cuando le vio aparecer sin esperarlo. Él la abrazó con fuerza,le dijo algo bonito al oído, y que ahora regresaba. Pero no regresó.
Él se entretuvo seduciéndola con su lenguaje corporal, le bailó, la rozó, la miró con aquella mirada. Ella sintió un torrente de deseo, que quedó en nada horas después.
Él le decía cada vez que la veía que era una reina, sin soltarla tras largos abrazos promesa de algo q estaba por llegar. Ella sentía el latir de su pecho, y su cuerpo fuerte y maduro que la envolvía.
Ella recordó aquellas palabras, “eres una reina”, mientras le veía desaparecer entre la multitud con una morena y una rubia, y otra más… Él se hacía dueño del lugar, y se deslizaba con la música hacia su pedestal de “todo controlado”.
Él se hacía el interesante y el desentendido, sin perder su sonrisa y dejarse caer de vez en cuando. Ella estaba rodeada de hombres que pedían turno, mientras no le perdía a él de vista, sin mirarle, claro.
Ella le invitó a quedarse esa noche, sin saber si era un paso atrás, o una manera muy caprichosa de complicar las cosas. Él alegó que trabajaba al día siguiente, tras una profunda respiración agachando la cabeza.
Él intentaba sacarle una sonrisa con palabras cómplices desenfadadas. Ella se preguntaba en silencio si volverían a dormir juntos, y si ésta vez sí le haría el amor.
Ella se preguntaba qué había hecho mal. Él no se preguntaba nada.

(…)
Y me pregunto si el amor no es una ilusión que un buen día desaparece como un espejismo. Podría ser, porque todos mis anteriores amores se esfumaron sin dejar rastro, más bien, dejando sitio al siguiente que siempre era más fuerte que el anterior.
Me parece imposible que eso vuelva a ocurrir, no puede haber un amor más fuerte que el que yo siento por ti, porque sé que tú eres mi alma gemela, y eso es insuperable.
Tal vez esta vez me deje llevar y me hunda en la romántica creencia de que me muero sin ti, que te echo tanto de menos que me duele el corazón, q no puedo respirar, y que mi vida no tiene sentido sin ti, para qué entonces… Como un alma en pena, una muerta viviente, una persona más que se queda mirando cómo pasa la vida ante sus ojos… Sin ti, esto es lo más real que se me ocurre.
…
Y qué todo.
Tal vez esto es fruto de la depresión. O de la tristeza de estos días. O de las cervezas y mojito q me he tomado esta noche sin cenar. O de mi corazón, q se abre del todo y… mira lo que le pasa…
“Pase lo que pase, 2006″
Sí. Te las he robado.
Con todo el descaro, con toda la desfachatez, y con toda la satisfacción de haber podido robarte algo.
Ahora paseo por la calle, auriculares puestos, y la música lo suficientemente alta como para disfrutarla y lo suficientemente baja como para oír si viene un vehículo a embestirme en esta ciudad de locos…
Y escucho tus canciones con una sonrisa.
Es más, incluso las canto.
No son las “tuyas tuyas”, tranquilo. Esas las borré, lo siento. Son todas aquellas que me hiciste descubrir, las que me pasaste de tu iPod al mío, las que me regalaste en un cd para “enseñarme”, las que cantábamos juntos en tu coche cuando paseábamos por Madrid y parecíamos una pareja ideal. Las que fueron banda sonora de nuestra historia de amor. ESAS.
Voy de mi casa al trabajo dando un paseo porque el trayecto de 40 minutos es bonito: tiendas, parques, puestecitos de tianguis, vendedores de zumos y licuados… a veces me compro uno, me quito un auricular para pedirlo, pago, y me vuelvo a marchar tarareando y con mi zumo en la mano, tan feliz.
Y las escucho, ¡muchas veces! Las canto, casi todos los días, porque siempre sale alguna en el modo aleatorio, y no me las salto.
Ese pequeño ritual matutino, y vespertino cuando regreso al final del día, me hace sentir viva, libre, feliz como siempre lo he sido cuando he sido yo. La música, siempre presente en mi vida, siempre con esa capacidad de influir en mi estado de ánimo.
Sí, las disfruto.
Supongo que siempre serán tuyas esas canciones…, o mira, tal vez no, puede que un día vuelvan a ser anónimas, sin más. El caso es que ahora me siento contenta también cantado tus canciones, y por eso ya no son tuyas.
¿Y sabes qué? Que ya nunca te las voy a devolver. Tómalo como un canje.
Aunque creo que tú saliste ganando de todas formas…
Querría saber si alguna vez te enamoraste de verdad, si pasó de la delgada línea de la pasión, el capricho, la obsesión, la locura transitoria… Si tu corazón se aceleraba sólo con su presencia, si la felicidad inundaba tu pecho cuando te acurrucabas en su regazo…
Querría saber si sufriste de verdad cuando perdiste la esperanza, cuando escuchaste aquel “no”, cuando supiste que ya no había un mañana a su lado. Si te dolía el corazón, perdiste el apetito, tuviste pesadillas y sueños que sólo fueron sueños…
Querría saber si de verdad tus puertas están abiertas a recibir, al igual que a dar… si no hay barreras ante otro posible dolor… si esperas costumbre o mariposas en el estómago… si sabes lo que quieres, o ya lo tienes y no necesitas más… si alguien puede ser tan importante en tu vida como para que sea lo primero siempre… si eres capaz de hacérselo saber, de hacérselo sentir… si algún día alguien llenará tu corazón y tu alma como para compartir el resto de tus días… si el deseo fusionado con el amor te arrastrará a su piel sin remedio cada día, día con día, todos los días…
Querría saber qué es lo que más te gusta, qué te emociona, qué te convence, qué te encandila, qué significa decir “te adoro”… cuándo dirás “te amo”…
Querría saber de dónde vienes, a dónde acabarás por ir, por qué sigues aquí, hasta cuándo dejarás de quedarte, en qué momento oirás el “clic”, cuándo darás ese abrazo, si quieres decir esas palabras, por qué parece que no estás, qué sientes cuando miras con esos ojos, dónde están tus manos cuando otras las buscan, quién se va a ganar tu reino, dónde está la llave de tus secretos, si volverás a dar un primer beso…
Querría saber cómo hacer para no querer saberte tanto…
A veces me parece increíble haber sentido algo tan fuerte, profundo, intenso, apasionado… doloroso hasta creer morir.
Hoy no sé de dónde salió todo aquel sentimiento, que me llevó con todo el pack al fondo de un mar oscuro donde ya no llegaban los rayos del sol. Y ahí, aislada del mundo y de la realidad, me dejó con vida ni sé cuánto tiempo.
Ciega, porque no hay más ciego que el que no quiere ver… y ¿qué había que ver? ¿La locura disfrazada de amor verdadero? ¿El amor verdadero pretendiendo ser real en un traje de cuento de hadas? ¿La necesidad vital de una niña de no querer volver a sentir el abandono…?
Y qué lo que fuera… Fue una pesadilla, eso es lo que fue. Una pesadilla…
A veces me parece increíble haber sentido tanta felicidad por instantes, haberme sentido plena, y tan afortunada por tener lo que siempre había soñado… o lo que yo creía que tenía.
A veces me pregunto si habrá una manera sana de sentir todo aquello… y si lo volveré a sentir otra vez…
Tal vez aún no sé lo que es el amor.
Pensándolo bien, eso sería hasta una esperanza…