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Desamor

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Marte y Venus, otra vez…

Marte_VenusY ella dijo con resignación: “Marte y Venus nunca se van a comprender.

Ella le miraba con ternura y deseo. Él apartaba la vista, o se hacía el loco diciendo cualquier banalidad.

Él la molestaba con cosas ya evidentes desde hace tiempo, insistía. Ella no comprendía por qué se empeñaba en hacerla rabiar.

Ella sintió un vuelco cuando le vio aparecer sin esperarlo. Él la abrazó con fuerza,le dijo algo bonito al oído, y que ahora regresaba. Pero no regresó.

Él se entretuvo seduciéndola con su lenguaje corporal, le bailó, la rozó, la miró con aquella mirada. Ella sintió un torrente de deseo, que quedó en nada horas después.

Él le decía cada vez que la veía que era una reina, sin soltarla tras largos abrazos promesa de algo q estaba por llegar. Ella sentía el latir de su pecho, y su cuerpo fuerte y maduro que la envolvía.

Ella recordó aquellas palabras, “eres una reina”, mientras le veía desaparecer entre la multitud con una morena y una rubia, y otra más… Él se hacía dueño del lugar, y se deslizaba con la música hacia su pedestal de “todo controlado”.

Él se hacía el interesante y el desentendido, sin perder su sonrisa y dejarse caer de vez en cuando. Ella estaba rodeada de hombres que pedían turno, mientras no le perdía a él de vista, sin mirarle, claro.

Ella le invitó a quedarse esa noche, sin saber si era un paso atrás, o una manera muy caprichosa de complicar las cosas. Él alegó que trabajaba al día siguiente, tras una profunda respiración agachando la cabeza.

Él intentaba sacarle una sonrisa con palabras cómplices desenfadadas. Ella se preguntaba en silencio si volverían a dormir juntos, y si ésta vez sí le haría el amor.

Ella se preguntaba qué había hecho mal. Él no se preguntaba nada.

He robado tus canciones

blueototh-sonySí. Te las he robado.

Con todo el descaro, con toda la desfachatez, y con toda la satisfacción de haber podido robarte algo.

Ahora paseo por la calle, auriculares puestos, y la música lo suficientemente alta como para disfrutarla y lo suficientemente baja como para oír si viene un vehículo a embestirme en esta ciudad de locos…

Y escucho tus canciones con una sonrisa.

Es más, incluso las canto.

No son las “tuyas tuyas”, tranquilo. Esas las borré, lo siento. Son todas aquellas que me hiciste descubrir, las que me pasaste de tu iPod al mío, las que me regalaste en un cd para “enseñarme”, las que cantábamos juntos en tu coche cuando paseábamos por Madrid y parecíamos una pareja ideal. Las que fueron banda sonora de nuestra historia de amor. ESAS.

Voy de mi casa al trabajo dando un paseo porque el trayecto de 40 minutos es bonito: tiendas, parques, puestecitos de tianguis, vendedores de zumos y licuados… a veces me compro uno, me quito un auricular para pedirlo, pago, y me vuelvo a marchar tarareando y con mi zumo en la mano, tan feliz.

Y las escucho, ¡muchas veces! Las canto, casi todos los días, porque siempre sale alguna en el modo aleatorio, y no me las salto.

Ese pequeño ritual matutino, y vespertino cuando regreso al final del día, me hace sentir viva, libre, feliz como siempre lo he sido cuando he sido yo. La música, siempre presente en mi vida, siempre con esa capacidad de influir en mi estado de ánimo.

Sí, las disfruto.

Supongo que siempre serán tuyas esas canciones…, o mira, tal vez no, puede que un día vuelvan a ser anónimas, sin más. El caso es que ahora me siento contenta también cantado tus canciones, y por eso ya no son tuyas.

¿Y sabes qué? Que ya nunca te las voy a devolver. Tómalo como un canje.

Aunque creo que tú saliste ganando de todas formas…

Querría saber…

soledadQuerría saber si alguna vez te enamoraste de verdad, si pasó de la delgada línea de la pasión, el capricho, la obsesión, la locura transitoria… Si tu corazón se aceleraba sólo con su presencia, si la felicidad inundaba tu pecho cuando te acurrucabas en su regazo… 

Querría saber si sufriste de verdad cuando perdiste la esperanza, cuando escuchaste aquel “no”, cuando supiste que ya no había un mañana a su lado. Si te dolía el corazón, perdiste el apetito, tuviste pesadillas y sueños que sólo fueron sueños…

Querría saber si de verdad tus puertas están abiertas a recibir, al igual que a dar… si no hay barreras ante otro posible dolor… si esperas costumbre o mariposas en el estómago… si sabes lo que quieres, o ya lo tienes y no necesitas más… si alguien puede ser tan importante en tu vida como para que sea lo primero siempre… si eres capaz de hacérselo saber, de hacérselo sentir… si algún día alguien llenará tu corazón y tu alma como para compartir el resto de tus días… si el deseo fusionado con el amor te arrastrará a su piel sin remedio cada día, día con día, todos los días…

Querría saber qué es lo que más te gusta, qué te emociona, qué te convence, qué te encandila, qué significa decir “te adoro”… cuándo dirás “te amo”…

Querría saber de dónde vienes, a dónde acabarás por ir, por qué sigues aquí, hasta cuándo dejarás de quedarte, en qué momento oirás el “clic”, cuándo darás ese abrazo, si quieres decir esas palabras, por qué parece que no estás, qué sientes cuando miras con esos ojos, dónde están tus manos cuando otras las buscan, quién se va a ganar tu reino, dónde está la llave de tus secretos, si volverás a dar un primer beso…

Querría saber cómo hacer para no querer saberte tanto…

A veces…

corazon+encerradoA veces me parece increíble haber sentido algo tan fuerte, profundo, intenso, apasionado… doloroso hasta creer morir.

Hoy no sé de dónde salió todo aquel sentimiento, que me llevó con todo el pack al fondo de un mar oscuro donde ya no llegaban los rayos del sol. Y ahí, aislada del mundo y de la realidad, me dejó con vida ni sé cuánto tiempo.

Ciega, porque no hay más ciego que el que no quiere ver… y ¿qué había que ver? ¿La locura disfrazada de amor verdadero? ¿El amor verdadero pretendiendo ser real en un traje de cuento de hadas? ¿La necesidad vital de una niña de no querer volver a sentir el abandono…?

Y qué lo que fuera… Fue una pesadilla, eso es lo que fue. Una pesadilla…

A veces me parece increíble haber sentido tanta felicidad por instantes, haberme sentido plena, y tan afortunada por tener lo que siempre había soñado… o lo que yo creía que tenía.

A veces me pregunto si habrá una manera sana de sentir todo aquello… y si lo volveré a sentir otra vez…

Tal vez aún no sé lo que es el amor.

Pensándolo bien, eso sería hasta una esperanza…

Londres

Londres_-_Big_Ben     La puerta se abrió por fin tras un breve forcejeo, y dejó ver la habitación del primer hostal que se habían encontrado en el centro: olía a humedad y era extremadamente pequeña. Tenía una cama individual con una manta marrón, un lavamanos al lado de la cabecera, un armario empotrado, y una pequeña ventana que daba al muro del edificio de enfrente, por la que no entraba demasiada luz para ser las 7:30h de la tarde en pleno mes de mayo. Carlos vaciló por un instante antes de atreverse a pasar al interior. No era fácil, ya que al abrir la puerta te encontrabas de morros con los pies de la cama y una silla que estaba entre la puerta y la pared impedía abrir del todo, por lo que prácticamente tenías que saltar por encima del colchón para poder entrar. María hizo el mismo malabarismo, y los dos se encontraron en mitad del cuartucho mirando a su alrededor en actitud incómoda, sin saber muy bien qué hacer.

Hubo un silencio.

Desde fuera se oían las pisadas de los demás huéspedes, maletas rodando por el suelo, la madera de las viejas escaleras crujía al paso de los extranjeros y no extranjeros que entraban y salían del hostal.

Carlos miraba a María; no le quitaba ojo de encima mientras luchaba por no romper a llorar. Sus ojos claros se humedecían, no podía articular palabra, aunque tampoco sabía muy bien qué le quedaba por decir, y seguía sin soltar la bolsa de viaje, como si no quisiera aceptar que iba a quedarse allí él solo. Su respiración era fuerte y profunda, la angustia le devoraba por momentos, buscaba un argumento para cambiar la decisión que ella acababa de tomar, para pensarlo de nuevo, para quitarle esas ideas de la cabeza, pero no le dio tiempo a decir nada más. María dio por finalizada la visita guiada por el profundo Londres (lo que tardó del café de la esquina al hostal más próximo) y con un brusco aspaviento le dio la espalda mientras pronunciaba sus últimas palabras, las que sentenciaban la historia que les unió durante dos años.

- Bueno, Carlos, creo que ya no tenemos nada más que hablar. Me voy, es mejor así.

Con las mismas, volvió a saltar la cama, llegó hasta la puerta y la cerró tras de sí. Ni un beso, ni un abrazo, ni una palabra de consuelo, ni una mirada de compasión. No tuvo valor ni de mirarle a la cara. Sus pasos crujían ya por la escalera, llegó a la recepción, y atravesó la puerta de cristal haciendo sonar la campanita que colgaba del techo.

Carlos seguía ahí, en el mismo sitio, en el centro de la habitación de un hostal de mala muerte en el centro de Londres, mirando el cartelito de “no molestar” que aún se balanceaba en el picaporte, con la bolsa de fin de semana en la mano. Dobló las piernas y se dejó caer en el borde de la cama, que no quedaba muy lejos. Por fin dejó la bolsa con sus cuatro trapillos para el fin de semana a su pies, y se quedó mirando al suelo.

Qué panorama… la moqueta estaba sucia y rota, las paredes empapeladas tenían humedades por todas partes, y el lavamanos estaba lleno de pelos en el desagüe y de manchas de óxido por la caída constante de agua con un grifo que no cerraba bien.

Ya no había nadie.

Pensaba qué distinto era todo hacía unas horas, en Madrid…

 

REBAJAS

Lo he hecho, sí, he sucumbido a la tentación de las rebajas. Pero en mi caso era necesario, yo no formo parte de esa gran mayoría consumista que sale a comprar casi por la obligación de aprovechar las gangas… Yo he salido a animarme(típico tópico, sí, y qué), y a conseguir algo de ropa de mi talla, pq tras mi reciente ruptura y el sufrimiento de los últimos meses, he adelgazado más de 7 kg, y tampoco es que me hiciera mucha falta…

Total, q por primera vez en mi vida me he encasquetado una 34. Casi no daba crédito cuando me he puesto esos pantalones, la dependienta me miraba con cara de incrédula cuando le he pedido una 38, “yo te veo muy delgada…”. Ya, pero ¿como para dos tallas menos…? Pues en la bolsa a los pies de mi cama está la prueba, sí, la 34. Pero bueno, yo creo q se han flipao un poco en esa tienda poniendo las tallas, eso debe de ser una 36, no me jodas…

Vuelvo a tener vida de soltera, empiezo a sentirlo por fin, tras el ajetreo de mudanzas, cajas, idas y venidas de un piso a otro, caseros brasas, bancos, y pesadillas variadas. Eso significa q me siento ya en mi casa, con cierta tranquilidad y calma, más segura, en mi espacio no invadido por nadie ni por nada, especialmente recuerdos.

 

Hoy ha sido un sábado típico solteril, como en mis viejos tiempos de hace poquito más d un año: mañana de compras, tarde de “la compra”, un ratito al piano, cena (extremadamente fácil de preparar) delante de la tele, y sesión de Sexo en Nueva York. ¿Será posible que viendo esta serie me siento como más conectada con el mundo? Será pq todAs tenemos al fin y al cabo los mismos problemas, y pq ya voy entrando en la edad de las protas, y voy a acabar haciéndome las mismas preguntas y preocupándome por las mismas cosas…
Ha sido un día guay, como a mí me gustan. Un día todo para mí, sin llamadas de nadie robándome mi tiempo, ni “hay ques”, ni horarios para hacer nada en concreto.

 

Y de repente se me ha hecho la una de la madrugada, hora de irme a la cama, supongo. Y llego a mi cuarto, tan bonito, perfectamente colocado ya, a pesar de lo reciente de la mudanza, es tan acogedor… Y me meto en la cama y me siento triste. Miro a mi alrededor y digo “y ahora qué”. Aquí estoy otra vez, sola. Y este “sola” es mucho más grande que antaño, pq ahora sé hasta dónde llega esa soledad, lo que en realidad significa, lo que he llegado a sentir y sigo sintiendo en ocasiones. Estar solo no es malo, sentirse solo sí. Y yo tengo un poco de todo, y ahora estoy aprendiendo a aceptarlo y a llenar ese vacío de mí misma. Sé que esa es la única manera, llenar esa soledad de mí. Y sólo cuando sepa y sienta que no necesito a nadie para llenar ningún vacío ni para sentirme acompañada, sólo entonces sabré que ya me quiero lo suficiente, y que estoy preparada para arriesgarme de nuevo en la aventura del amor. La próxima vez será diferente, pq la próxima será amor incondicional, amor en libertad, y eso significa sin dependencia.
“Pase lo que pase, 2006″

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Este es mi blog oficial, donde encontrarás toda la info sobre mi trabajo en TV y radio: mis videos, fotos, audios, noticias, redes sociales, y todo lo que tenga que ver conmigo :) ***Sandra***

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